martes, 9 de agosto de 2011

CAPITULO 2

.REVELACIONES.                      La boda acabo, los invitados se fueron y los Swan volvieron a estar solos.
El patio trasero desbordaba de residuos y había costado casi toda la jornada, poner la casa en orden. Diligentemente las dos mujeres iban y venían por todo el lugar, mientras el Jefe Swan … digamos que… mantenía su espíritu festivo.
Bella acababa de bañarse. Enfundada en un cómodo camisón de algodón y con la toalla enrollada a modo de turbante, había bajado a la cocina para preparase una taza de té. Trataba de mantenerse en calma, mientras oía las voces de sus padres, que minuto a minuto alzaban gradualmente el volumen.
Puso el agua a calentar, mientras se esforzaba por controlar sus manos temblorosas. Sacó la vajilla de la alacena y la caja del té en hebras. El tintineo de la porcelana barata al chocar torpemente con la mesada, se mezcló con el gorgoteo áspero de su respiración entrecortada. Era parte de un tic nervioso que la obligaba a aspirar forzadamente por la nariz, produciendo un sonido lastimero y desagradable.
Un estrépito sonó en la sala y eso fue demasiado.
Lentamente camino hacia el pasillo, solo para apenas asomarse al living.
- No es mi culpa. Es la maldita vieja de personal, que me delató . – Explicaba Charlie Swan, con gestos vagos y descontrolados.
Su estado de ebriedad era tan evidente. Apenas lograba mantenerse en pie, con las piernas muy abiertas y en constante movimiento para mantener el equilibrio.
Bella no entendía lo que pasaba y por cierto que había pretendido permanecer ajena a la discusión, pero los gritos ya debían ser escuchados por los vecinos.
- Maldito imbécil, bueno para nada. Por qué no eres honesto contigo mismo y dejas de echarle la culpa a los demás. Eres patético, patético. No sé cómo no te han corrido antes. – Gritaba Renné.
- ¿Y quién hubiese pagado tu bonito vestido de fiesta o dado el dinero para que fueras a jugar canasta con las arpías de tus amigas? – Vociferó Charlie a la vez que tomaba con rudeza el volado del vestido de Renné.
- No me toques, borracho, asqueroso. Ni siquiera hoy fuiste capaz de mantenerte sobrio. Por Dios… era el casamiento de tu hija. Mírate no más. Eres una piltrafa humana que solo me ha llenado la vida de disgustos. ¿Cómo voy a mantener esta casa? Cielos y ahora Isabella está acá. – Completó su madre, roja de furia.
Esto último, fue demasiado para la chica, que desmayó su cuerpo contra el umbral de la puerta. Solo habían pasado un par de horas de su llegada y su madre ya estaba lamentándose por tenerla en casa. A veces quería que Renné se callara. ¿Por qué lo confrontaba? No era mejor dejarle pasar la resaca en paz, hasta que el mismo se calmara.
- No metas a Bella en esto. Sabe Dios cuanto la he extrañado. – Gruño Charlie con poca claridad.
- Oh sí. – Se burló la madre de la chica. – Y va a estar radiante cuando se entere que te han suspendido, sin goce de sueldo. Debería haberme ido con Phil hace tiempo. – Renné escupió las palabras, haciendo que el tono fuera más ofensivo.
Bella se tapó la boca con una mano, acallando el gemido. ¿Habían dejado sin trabajo a Charlie? ¿Desde cuándo su padre sabía que Phil era amante de Renné? Solo un día, solo un día y todo se derrumbaba.
- Mujerzuela, mal nacida. – Grito Charlie. De repente, Bella solo fue consciente como su padre, le propinaba una terrible cachetada a Renné.
El golpe hizo girar a la mujer, que acabó en el suelo, llevándose por delante parte de un sillón y una mesa. El enorme florero se deslizó por la superficie, haciéndose añicos a pocos centímetros de la cabeza de la mujer. Mientras la escena parecía pasar en cámara lenta, la certeza del error que había cometido, hizo que la cabeza de Charlie reaccionara muy rápido.
- Lo siento, lo siento. – Susurró Charlie absolutamente sobrio.
La pava silbo avisando que el agua que contenía había alcanzado su máximo hervor y ese mismo sonido, hizo que el padre de Bella le viera.
- Lo siento. – Volvió a repetir Charlie. Ahora se lo decía a ella.
No alcanzó verlo marchar. Solo se dio vuelta y como una autómata con los ojos anegados en lágrimas, cerró la llave de gas y tomó la pava de agua hirviendo por el asta de plástico.
Subió a su cuarto con pasos seguros.
Se sentó en la cama.
Encendió la lámpara de su mesa de luz.
Con la mano libre, levantó la tela del camisón, dejando al desnudo el interior suave y delicado de sus muslos.
Acercó la pava a la piel.
Todo su rostro reflejaba la agonía de saber el dolor que le sobrevendría, pero aun así… apoyó el metal ardiente sobre su pierna.
Apretó los dientes, mientras jadeaba tratando de controlar el dolor. Diez, quince, veinte segundos y aún con la pieza fuertemente pegada a su piel, comenzó a relajarse. Su respiración comenzó a ser más pausada, hasta acabar en un suspiro profundo. Su rostro ya no mostraba crispación. Solo calma. Solo tranquilidad.
Dejó la pava sobre la mesa y observó la quemadura. La huella roja del calor se esparcía en una aureola de casi diez centímetros por el interior del muslo derecho. Rozó con las yemas de los dedos la herida y se tensó en respuesta, pero volvió a suspirar quedamente. El dolor. El dolor que más la lastimaba, ya había pasado.
Media hora más tarde, decidió que debía darle atención a su herida y bajó en busca de hielo para calmar la llaga, pero se encontró con que su madre estaba aún sentada en la cocina. Así que buscó una malla y unos flotadores de cuando era niña y volvió a bajar.
- ¿Está bien si tomo un baño en la piscina? – Consultó al ver a Renné con su cabeza entre las manos y un vaso de whisky frente a la mesada.
- ¿No crees que hace frio? – Contestó su madre sin levantar la vista.
- Me apetece. – Balbuceo Bella.
En su interior, Bella sabía que debía preguntarle si estaba bien, pero hacerlo revelaría que ella estaba pendiente de lo que había pasado y eso llevaría a que su madre, también le preguntara si estaba bien. Era mejor el silencio y necesitaba… realmente necesitaba calmar el ardor de su muslo.
La frialdad del agua en la noche primaveral, fue un bálsamo a su cuerpo y a su alma. Era tan agradable estar allí suspendida en el medio de la piscina. Dejar su mente en blanco, aturdirse por esa agradable sensación de quietud. Alejada de los sonidos, alejada de los problemas, alejada del mundo.
Como una revelación, supo que eso era lo único que podía mantenerla cuerda.
Alejarse de casa.
Con ese propósito y solo con ese propósito es que a la mañana siguiente, encaró con determinación a su madre y le dijo que quería inscribirse en algún curso que le proporcionara alguna distracción. Renné estuvo super feliz por el interés de su hija en volver a estudiar e inmediatamente hizo un par de llamadas. Esa misma tarde se encontraban en el Forks Community College. Una institución con una veintena de carreras cortas con rápida salida laboral e Isabella Swan prontamente estuvo inscripta en un curso de Secretariado administrativo.
- Eviten la tentación de apoyar los dedos sobre el teclado. Tipeen cada tecla de modo que los dedos den un golpe hacia abajo. No tipeen sin pensar. No intenten mirar de reojo al teclado o al papel. – Sermoneaba el profesor de mecanografía, mientras se paseaba entre medio de los escritorios.
“El fuego se encogió, concentrándose en aquel órgano que era lo último humano que quedaba en mí, con una oleada final insoportable. Esa llamarada fue contestada por un profundo golpe sordo, que sonaba hueco. Mi corazón tartamudeó un par de veces y después latió una vez más.” Extracto de Amanecer por Stephenie Meyer.
La chica marcaba a un ritmo infernal, totalmente concentrada en el texto que copiaba. El ceño fruncido y el labio inferior mordido férreamente.
- Y… ¡Tiempo! – Resonó la orden en todo el recinto y el ruido de las maquinas cesó.
Bella sonrió satisfecha al saber que otra vez había logrado completar la copia en un tiempo record y sin errores. Tampoco tenía malas notas en las otras materias. Siempre había sido una chica inteligente y de seguro si su entorno familiar le hubiese ayudado, hoy estaría cursando una carrera universitaria. Pero en la vida de Bella no había lugar para el “Si hubiese”.
Se levantó presta a dar la hoja al profesor. Éste miró de reojo la nota y le hizo un gesto de aprobación, que culminó en una leve sonrisa. Bella dejó de morderse el labio, mientras paladeaba el suave rastro de sangre que había logrado sacar en tan justa presión y respondió a su vez con una tímida sonrisa. Pensaba cuando hace tres meses atrás, el menudo hombrecito le había propinado un reglazo en la palma de la mano, por intentar hacer trampa, espiando el teclado. El pequeño profesor tenía muy mal genio y uno que otro se había quejado de sus arcaicos métodos de enseñanza, pero Bella no se inmutó por el castigo, sino que concluida la clase, se aproximó al docente y con humildad dijo que había aprendido de su error y que se esforzaría por ser la mejor estudiante que pudiera ser. Por supuesto que la actitud, ganó la aprobación del hombre y Bella culminó sus estudios con notas sobresalientes.
Salió feliz del lugar, aunque el amago de sonrisa, se le apagó al ver al auto de su madre, rutinariamente estacionado frente a la academia. Una ruidosa música de los ochenta, acompañó el regreso de las mujeres hacia su hogar. Renné había insistido en que Bella viajara siempre en la butaca de atrás aduciendo que la joven podía descansar, ya que el estudio debía dejarla agotada.
- Estoy orgullosa de ti, querida. – Expresó Renné y realmente su tono de voz parecía auténtico.
Bella cerró los ojos y se preguntó mentalmente cuando dejaría de tratarla como una niña. Sabía que su madre se sentía responsable y había intentado mostrarse más solícita que nunca desde que Charlie se había ido. Ahora rondaba a su lado, no dejándola ni a sol, ni a sombra. Temerosa de que volviera a caer. Temerosa de que…
Flashback – 3 años atrás.
Estaban en la cocina de la casa de los Swan.
Renné ayudaba a Jessica a completar unos trabajos de cálculo. Arriba su padre supuestamente se preparaba para ir a trabajar a la estación de policía, mientras apuraba el trago de una petaca de metal, que prontamente escondió en la gabardina de su uniforme.
Minutos antes, una discusión había acabado con la cena familiar y los restos de la comida que ya nadie quiso, pasaban con facilidad por el triturador de basura. Bella miraba con fascinación el mecanismo que hacia desaparecer los sobrantes. El brillo de la cuchilla relumbró y Bella lo tomó sin pensar demasiado. Necesitaba liberarse del dolor.
Tenía poco tiempo, ya que su madre estaba de espaldas y a poco más de 2 metros de ella. Espió por el hombro y al verla ocupada con su hermana, deslizó el filo por el antebrazo. Pero el agua jabonosa le jugó una mala pasada y el peso del cuchillo resbaló haciéndole un corte profundo. La sangre salió a borbotones, haciendo que sus rodillas se doblaran sin control. Su madre gritó horrorizada, mientras intentaba detener la hemorragia con un repasador.
La herida no fue a mayores, pero ante el exhaustivo examen médico, quedó expuesto el mapa de cicatrices que venía coleccionando Isabella. Las mutilaciones siempre estaban ocultas y nadie, absolutamente nadie, sabía de las veces que se había autolastimado. Vinieron más gritos, llantos, sermones y Bella solo podía pensar en lo torpe que había sido al cortarse tan profundo. Después de todo como podía haber calculado tan mal, si lo había estado haciendo desde el séptimo grado.
Fin Flashback
Esta noche, Renné tenía un turno doble en la cafetería donde trabajaba. Con la marcha de Charlie, se había visto obligada a aceptar varios recargos para compensar el sueldo.
- Te dejo lasaña en el micro hondas. Solo tienes que calentarlo un minuto. – Gritaba la madre de la joven, mientras apresuradamente guardaba cuchillas y tijeras en la parte baja de la mesada.
Pasó un candado asegurando las puertas, justo al momento en que Bella bajaba. Se paró en el rellano de la escalera, mirando como los ojos de su madre, le pedían disculpas.
- Es solo por precaución. – Susurró Renné con voz temblorosa.
Bella apretó los labios en una fina línea y corrió a su habitación. Tomó su caja secreta y bajo a trompicones, saliendo apresuradamente hacia afuera. El aire frio de la noche, despeinó su cabello caoba que pacientemente había recogido esta mañana. Comenzó a respirar groseramente por la nariz, tratando de templar su ánimo. Fue hasta los tarros de basura y tiró la caja con furia.
Esta mañana estaba tan feliz de haber logrado estudiar el secretariado. Se sentía complacida consigo misma. No solo había cursado con regularidad, sino que había terminado con honores. Se había esmerado al vestirse, eligiendo una elegante camisa blanca y una pollera acampanada de jean que su madre le había regalado para la ocasión. Recibió su diploma con alegría y el fotógrafo hasta había logrado sacarle una sonrisa, cuando le tomaron una foto, bajo insistencia de su madre. Renné la había sonreído orgullosa y por cierto que creía que esto marcaba el comienzo de una nueva parte de su vida. Por supuesto que su ánimo no duró mucho al ver que la obligaba a ir en la parte trasera del auto, como si ella fuera una chiquilla y hoy, justo cuando tenía la posibilidad de demostrar que podía valerse sola al pasar una noche sin compañía, encontraba a su madre guardando todos los objetos cortantes a su alcance. Nada había cambiado, podía engañarse cuanto quisiera. Nada había cambiado.
Todo el pensamiento no le llevó más que dos segundos y la distancia de tres pasos que hizo para adentrarse a su casa. No podía, aún no.
Esa extraña colección de filos, lograban calmarla, más que toda medicación. Las pastillas solo adormecían su desazón, la sumían en un letargo en donde el dolor esperaba para reaparecer más poderoso. En cambio cuando se infligía una pequeña cortadura, la sensación de bienestar era inmediata. Podía sobreponerse a la angustia y mirarla desde la tranquilidad, sentía que no había más padecimiento que el ramalazo físico que corría por la sangre liberada.
Todo lo demás… desaparecía.
Lo necesitaba. Se negaba a usarlos, pero necesitaba que estuvieran a su alcance. Cerró los ojos y se giró muy despacio. Volvió sobre sus pasos y tomó la caja que había tirado. Al levantarla, vio la hoja de los clasificados de un periódico.
El Título en negrita, sobresalía sobre el marco de basura: Personal Solicitado.
Lo tomó y sin demoras volvió a la casa. Ni siquiera se tomó la molestia de averiguar si su madre seguía allí. De todos modos el silencio hacía evidente la partida.
Entro en su pieza, extendió el diario sobre el escritorio y alisó el papel.
Era una nueva revelación. Una respuesta que le permitiría seguir manteniendo la cordura y alejarse de casa, aunque fuera por algunas horas.
- Voy a conseguir un trabajo. – Dijo Bella en voz alta.
Las columnas de letra pequeña, indicaban que la oficina de rentas, buscaba personal calificado. Remarcó en un trazo concéntrico, el aviso. Sonrió al imaginarse, en una entrevista de trabajo.
Acomodó su postura y alzando un espejo de mano, ensayó lo que podría decir:
- Nunca tuve un trabajo… pero le aseguro que estoy muy entusiasmada con esta oportunidad. Gracias. – Sostuvo la mirada a su reflejo y sonrió nerviosamente al ver como sus mejillas se sonrojaban. Al menos había logrado expresar sus ideas con soltura. Luego imaginó que le preguntaban por su falta de experiencia y agregó con el tono más seguro que encontró en su repertorio: - Bueno, aún no tengo ninguna referencia… pero creo que la Oficina Municipal de Impuestos, sería un maravilloso lugar para comenzar…mi carrera.
Mi carrera, pensó la muchacha con humor. ¿Quién diría que Isabella Swan, podría tener una carrera profesional? Sobre todo después de haber estado internada en un instituto psiquiátrico por casi dos años. Pero ella, creía en sí misma. Tal vez fuera la única. Pero estaba orgullosa y decidida a salir adelante.
Dejo el espejo a un lado y se concentró en los avisos, después de todo, el periódico era de varios días atrás y quién sabe si el puesto estaba disponible. Así que mejor que ampliar la búsqueda: Se necesita empleado para depósito, ayudante de cocina, promotora de 18 a 25 años, vendedor y allí en medio del mundillo de empleos solicitados…
- ¡Secretaria! – Murmuró Bella a la vez que remarcaba el aviso.
“Se busca secretaria para bufett de abogados. Buena presencia, mecanografía obligatoria. 2640 Ardmore Ave. Forks. “

FIN SEGUNDO CAPITULO

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