jueves, 11 de agosto de 2011

CAPITULO 7

NOTA: Las oraciones entre “ ” son los pensamientos de los protagonistas.
EL SECRETO DE ISABELLA SWAN
Edward Cullen tiró la lapicera y corrió a ocultarse tras la puerta del baño. Ese grito lo conocía demasiado bien como para no resguardar su integridad física.
--- Escuche, no tengo idea si gastamos más de 40 dolares en llamadas de larga distancia por mes. --- Contestó Isabella a quién llamaba y cortó de un golpe.
Tanya sonrió, apreciativa del tono y la imposición de la joven. Tal vez se había equivocado o tal vez Edward Cullen iba a tener algo de su propia medicina.
--- Dile que es Tanya Denali. --- Expresó la rubia, componiéndose.
Bella salió con pasos enormes por el pasillo. Entró a la oficina, con algo de miedo por enfrentársele después del encuentro reciente. La chica no era consciente de lo que él había visto, pero lo que no podía ignorar, eran esos ojos verdes fijos en ella. Esa mirada intensa y peligrosa que le hizo salir huyendo.
Con cierta aprensión, ingresó a la oficina. “Está desierta” Se dijo al verla vacía.
--- ¿Señor Cullen? ¿Hola? --- Preguntó en voz alta, pues no lo había visto salir.
Sintió un chistido a sus espaldas.
--- ¿Señor Cullen?  --- Repitió acercándose a la pared, tras el escritorio.
--- Señorita Swan. No estoy. ---- Susurro el abogado tras las maderas del falso acabado.
--- Está bien. ---- Aseveró la joven, sintiendo que de alguna forma era partícipe de una broma en la que ella y su jefe, eran cómplices.
Por más que fuera extraño. Esto le hizo recuperar el ánimo y con más determinación  se dirigió al vestíbulo donde la tal Tanya arreglaba sus uñas con nerviosismo.
--- El Señor se fue. --- Proclamó Isabella, plantándose con las manos puestas en jarra sobre las caderas.
Tanya la miró de arriba abajo. “Desalineada, mal vestida y realmente poco atractiva… aunque no es un corderito asustado”, evaluó  a la chica. “Pero de seguro que tiene ese algo que a Edward le encantará”. El pensamiento la hizo enfurecer más aún.
--- No me digas. --- Respondió la rubia con sorna.
Sonó el teléfono y con fastidio, Bella volvió al escritorio.
--- Despacho de Edward Cullen y Asociados. --- Contestó con su vocecita pequeña.
--- ¿Eres tú, cariño? Soy yo.
---- ¿Papá? --- Preguntó Bella, con la voz temblorosa.
--- Que bueno oír tu voz. ---  Confesó Charlie Swan, del otro lado de la línea.
--- Papá ¿Dónde estás? --- Se apresuró a decir la muchacha.
--- En el centro de Seatle, por ahí. --- La contestación vaga, no dejó de ser preocupante.
--- ¿Seatle? ¿Podrias esperar un poco? --- Bella se vio obligada a interrumpir, al ver a la rubia elegante dirigirse al perchero y tomar  el abrigo de su jefe.
Lo tiró al suelo… y procedió a limpiarse los pies en una rabieta histérica. Al final, dio un par de saltitos arriba de la prenda.
--- ¿Algún mensaje Señora Denali?  --- Susurró la chica al ver a la abogada con tan poca compostura.
--- Dile que firme el acuerdo. ---- Respondió  Tanya  y salió dando un portazo.
--- ¿Hola? ¿Hola? --- Clamó Bella al teléfono.
Nadie respondió.
La única comunicación de su padre en meses y había perdido de hablar con él por atender a esa estúpida mujer.  Golpeó reiteradamente la bocina del aparato, aplacando  la furia contenida.
Mientras tanto el abogado Edward Cullen, escuchaba atento, los sonidos de la recepción. El silencio era la respuesta de que Tanya se había marchado. Le diría a Bella que de hora en más, cuando se quedaran más tarde, cerrara la puerta de entrada con llave. Tanya era una mujer amenazante y ciertamente no quería vérselas con ella de nuevo.
A todo esto, el episodio no había quitado de su mente, el descubrimiento del oscuro secreto de Isabella Swan.  Salió al pasillo, dispuesto a hablar con ella y oyó el ruido característico de cuando sorbía por la nariz. “Mi pequeña niña… ¿Qué te habrán hecho para que llegaras a hacer esto?”
Se asomó solo para quedarse atónito, ante lo que veía.
Bella estaba con las piernas abiertas y la falda levantada a punto de cortarse la delicada piel del muslo interno.  La imagen le provocó un terrible miedo.
Es infinitamente diferente suponer una cosa así… a verla practicarla.
Ella lo presintió y alzó  sus ojos grandes y acuosos. Sus miradas se encontraron en un vergonzoso momento.
Como una autómata recogió inmediatamente las cosas, sin interponer ninguna mueca a su cara. Luego acomodó los papeles arriba del escritorio, hasta que al fin juntó coraje para mirar hacia donde él estaba.
No había nadie y Bella quiso creer que lo había imaginado.
Es más. Quería negar todo el maldito día.
Permaneció sentada unos minutos más, apretando los puños sobre su regazo. “¿Irá a despedirme? ¿Preguntara que estaba haciendo?”  No supo cuánto tiempo pasó hasta que el intercomunicador la sobresalto.
--- Señorita Swan… --- Anunció la grave voz de Edward Cullen. El intervalo de tiempo que se tomó para hablar, llevó a Isabela al límite de un paro. ---- No la necesito más por este día. Puede retirarse.
Isabella contempló la máquina alucinada. No había dicho que no volviera o que le despediría. En verdad su Jefe era un hombre bondadoso y el hecho de que no hablara de lo que había visto, lo enaltecía ante ella.
Pulsó el botón.
--- Hasta mañana Señor. --- Deslizó con ternura.
--- Hasta mañana Bella --- Susurró él con un agónico suspiro. No había apretado el comunicador.
Se encontraba en el suelo, haciendo abdominales con una férrea determinación. Estaba asustado y excitado… muy excitado. No había poder de Dios que eliminara de su cabeza esos muslos blancos flagelados por su propia dueña. “Casi una niña, casi una niña…” Repetía para sí, mientras penaba su cuerpo a deshacerse de la molesta dureza.
“Ochenta y uno, ochenta y dos, ochenta y tres”…
Isabella se tomó solo unos minutos para salir. Ya ni siquiera le molestaba que su madre estuviera esperándole.
--- ¿Qué tal tu día? --- Preguntó Renné después de que Bella se desparramara en el asiento de atrás.
--- Bien. --- Soltó la chica, mientras analizaba si debía contarle sobre el llamado de Charlie.
--- Hoy conocí a Jasper Hale.  Es muy varonil y apuesto. --- Anunció la rubia.
--- O.k. --- Contestó la chica, mientras rodaba los ojos.
--- ¿Cómo está tu otro Jefe? --- Consultó su madre buscando charla.
“Es un Dios”
--- Bien. --- Susurró Isabella, llenándose de rubor.
--- Me alegra que tengas este trabajo. Quién te dice que el día de mañana, no conozcas un buen muchacho y hasta tengas tu propia casa. --- Comentó Renné para su sorpresa.
--- Hummm. --- Mascullo la chica. En verdad no esperaba esto.
--- ¿Por qué no? Hoy me han dicho que lo haces muy bien y pues… estoy muy orgullosa de ti Bella. --- Expresó Renné con cierta congoja.
“Mamá” Murmuró la chica para sus adentros y por primera vez en mucho tiempo, creyó en que el cuidado excesivo de su madre, podía responder a un verdadero cariño y no a su falta de confianza. Animada por ese aspecto vulnerable, mostrado por  Renné, se animó a preguntar.
--- ¿Es verdad que te estás divorciando de papá? --- Su voz sonó demasiado a una acusación e inmediatamente se reprimió por ello.
--- Ojalá pudiera. Si al menos tuviera una dirección para reclamarle a ese maldito infeliz. --- Escupió Renné con dureza.
La vaga sensibilidad que había en el rostro de su madre, se ocultó de inmediato en un gesto odioso y levantó la música para dar acaba así su conversación.
Bella meditó todo el camino, rememorando este caótico Lunes. Los malos ratos, el haber estado a punto de cortarse creyendo que su madre le despreciaba y peor… el haber sido descubierta. Ese rostro regio de profundos ojos verdes que le hacían derretir la piel. “Deseo” Analizó la chica, desilachando sus emociones con la simpleza de quién se dedicado a observar su vida, desde lejos. Hace mucho tiempo que había aprendido a aislar sus sentimientos. El doctor Banner la había ayudado mucho con ello y la comparación con el decano fue inmediata. Después de todo era una mujer, consciente de lo que pasaba entre hombres y mujeres y levemente experimentada por su breve rollo con Jacob y la fantasiosa fascinación con su doctor.
Como llamándolo… Jacob estaba frente a su casa.
--- Hola Jake. ¿Qué haces? --- Consultó con una sonrisa al bajar del auto.
--- Hola Bels. Hola Señora Swan. --- Gritó Jacob.
Renné estaba forcejeando con las bolsas de las compras y pronto se encontró ayudada por el musculoso muchacho. Agarrando una bolsa cada uno, se dirigieron a la cocina, mientras Jacob parloteaba sobre la muda enorme de ropa que tenía para lavar y venía a pedirle a la Bella para que le acompañara en el trámite.
Iba le estaba por preguntar a su mamá, cuando vió a Renné tras la espalda del muchacho, que le hacía un gesto cómico sobre los pedazos de brazos de Jacob. Bella ahogó la risa.
--- Vé, ve. --- Dijo su madre.
--- Dame unos segundos que me cambie. --- Musitó la muchachita y corrió escaleras arriba.
Se dio un rápido baño y cuando salió, su madre le había dejado una camisa color chocolate y una estrecha falda de ella. Era la primera vez que su madre le prestaba ropa, pero no se puso a pensarlo  demasiado. Se ató el pelo en una coleta alta, retocó sus ojos con el maquillaje de Rosalie y se colocó un poco de perfume tras las orejas. Al mirarse al espejo, se dijo que estaba linda.
Al bajar se despidió con prisa de su madre y una muy deprimida Renné los vio alejarse. Hoy era su noche de franco y estaba sola. Peor… se sentía muy sola.
La lavandería tenía uno de esos servicios 24 horas con un anexo de comida rápida y algunas máquinas de juegos. Un lugar como para que la gente que esperaba, pudiera comer algo y pasar el tiempo. Habían elegido unas pastas y un vino no estacionado que tras la segunda copa, parecía de un bouquet de 10 años.
La música funcional, chirriaba por un altavoz, mientras el zumbido de las máquinas no dejaba de sonar por todo el local. Pequeñas mesas con un mantel de hule azul, pululaban por el lugar.  El espagueti se enfriaba en los platos y había demasiado bochinche  para hablar, pero Bella estaba feliz por la salida y… por el vino.
--- Alguna gente tiene que lavar la ropa apenas la usa. Como dos veces al día. Después están los otros que la lavan cuando está sucia. --- Filosofaba Jacob en un intento de llevar una conversación seria.
--- ¿Cómo eres tú? --- Replicó Bella con una sonrisa de plastilina.
--- Yo soy el tipo de hombre… que quiere casarse y tener hijos. --- Contestó Jacob, centrando su mirada en ella con intensidad.
La respuesta le sonó demasiado seria para Isabella, que decidió con todo ahínco desviar el tema. Ya fuera por casualidad o deliberado… era la segunda vez en el día que le hablaban de casamiento.
--- Yo lavo la ropa, sólo cuando está sucia. --- Acotó la chica, intentando continuar la conversación.
--- Yo también. Y eso es lo importante en una relación. La com pa ti bi li dad. --- Remarcó Jacob y sus ojitos marrones chispearon.
“Mierda” Pensó Bella.
--- ¿En una relación? --- Dijo con una sonrisa, tratando que el espanto no se le colara en la cara.
--- En una relación. --- Declaró Jacob, enfatizando la palabra.
Bella se tomó todo el vino de un trago, casi ahogándose al final.
--- ¿Interesada en un poco más? --- Preguntó Jacob haciendo bailar la botella en sus manazas.
--- ¿Por qué no? --- Dijo Isabella, cuyas defensas contra el alcohol estaban completamente batidas.
El moreno vació la botella y volvieron a brindar, haciendo chocar las horrorosas copas de plástico con lunares multicolor.
--- Estás distinto a como eras en la secundaria, Jacob. --- Acotó Bella recomponiéndose.
--- Cambié. --- Susurró el muchacho.
--- ¿Qué pasó? --- Consultó ella, con sincero interés.
--- Después del accidente de papá…  Ya sabes. Tuve una crisis nerviosa. ---- Adujo Jacob con la cabeza gacha.
---- Yo también. Más o menos. --- Murmuró ella.
Bella recordó las veces que se habían visto a lo largo de los años y como había respetado sus silencios. De repente se le ocurrió que Jacob Black la comprendía más de lo que ella misma suponía.
Tenían algo así como un pasado en común. Habían vivido cosas dolorosas que los identificaban y de algún modo los unían. Tal vez por el vino o por las palabras. Se dejó llevar por la simpatía que le profesaba su amigo y de algún modo decidió darse la posibilidad de algo más.
De repente la palabra relación, no fue ni tan ridícula, ni tan temible.
De espaldas a Bella;  un apurado Edward Cullen se apeaba  en el estacionamiento, para dejar el mismo sobretodo que su ex novia tan eficazmente había utilizado de tapete. Gruesos morrones negros le cruzaban la solapa y tubo que recalcarle al dependiente sobre las manchas. Estaba como siempre apurado y ajeno a lo que sucedía a su alrededor. Su mayor urgencia era llegar a casa, correr tal vez una media hora de cinta, descongelar la comida de microondas y con suerte sucumbir al sueño tras un baño caliente.
Había cosas que quería olvidar de este día. Un perfume, unos ojos, un cuerpo de mujer tras una voz de niña… una voz.
Fue allí cuando la escuchó.
--- ¿Jacob? ---  Consultó Isabella en un susurro.
--- ¿Sí Bella? --- Contestó el muchacho.
--- Leí que si usas ropa interior como esta… que aprieta…. Tus cosas… ---- La frase murió en los labios de la chica, mezclada con una risita histérica.
--- ¿Bolas? --- Sugirió Jacob encarándola con gesto sensual.
--- Sí. --- Respondió Isabella volviendo a reír en forma encantadora.
--- ¿Las bolas? --- Volvió a preguntar Jacob enarcando una ceja y cerrándole el paso con su cuerpo musculoso.
Ella sonrió como chiquilla haciendo una travesura, achispada por el vino barato.
Edward Cullen se escurrió por detrás de unos pilares  y casi agachado, se asomó para espiar. “¿Que mierda acabo de escuchar?”
--- ¿Mis uvas? --- Preguntó Jacob apenas conteniendo la risa.
--- Tus uvas. --- Repitió Bella con voz más alta.
Alguien se tensó tras la pila de ropa doblada.
--- Mis… --- Provocó el muchacho.
--- Tus testículos. --- Casi gritó Bella, riendo a boca llena, aunque sus manos tapaban el rostro.
Jacob saltó cubriéndose sus partes, en un gesto gracioso que arrancó nuevamente la risotada de chica.
--- Sí.  Tus pelotas.--- Proclamó Bella con seguridad ridícula. ---  Dicen, Dicen que afecta el esperma y no puedes tener hijos… y pensé que habías dicho que querías tener hijos. Ahí está. Lo dije. --- Declaró totalmente abochornada.

Jacob comenzó a tirar de unos slips blancos, jalando los elásticos hasta romper las costuras, gruñendo como un perro rabioso y provocando más risas de Isabella.
Otra persona, no reía.
--- ¡Por los bebés! --- Gritó Jacob y arrojó los calzoncillos por el aire. --- Pañales. ¡Irritación de pañales! Por futuras mamaderas.
Y terminó de arrojar toda la ropa interior al cubo de la basura.
Edward abrió más los ojos. Incrédulo que su dulce niña, su inocente secretaria, por la cual había torturado su cuerpo en más de cien abdominales, estuviera hablando con tal soltura sobre las partes íntimas de un hombre. Peor… las partes íntimas de aquel hombre con el que reía en total confianza. Midió su hombría con celo e intranquilidad. Ciertamente el muchacho era muy apuesto. ”Si es que le interesan los chuchos con esteroides”
Algo en él, hirvió a fuego lento. Se sentía decepcionado, pero el sentimiento cambió cuando vio al hombretón que tomaba de la nuca a su secretaria y comenzaba a besarla.
Traición. Furia. El infierno se congeló.
Mareo y Asombro. Esos fueron los sentimientos de Bella al sentir los cálidos labios de Jacob. Ya no eran los niños de antes y la mano morena se afianzó con demasiada determinación en su nuca. Sintió que la empujaba  con su peso hacia una de las máquinas lavadoras. No fue consciente de hasta donde se había vuelto seria la caricia, hasta que chocó con el metal y sintió el cuerpo de Jacob doblegándola contra ésta,  dándole una embestida juguetona con el bulto duro de entre sus piernas.
Bella dio un respingo y lo empujó. El hizo un guiño bizco buscando su risa y ella cedió a su encanto brusco. Jacob era así.
Edward  Cullen subió a su auto dando un portazo.
La cabeza le latía y las venas hinchadas se asomaban por el cuello de su camisa, amenazando ahorcarlo.
Apretaba con furia el manubrio de su automóvil. El tipo ese la había besado y hablaban sobre bebés. Sobre esperma y calzoncillos apretados. Gruñó mientras se agachaba para abrir la guantera.  Sacó una fibra roja y la puso sobre el asiento del acompañante.
Ya no más.

FIN DEL CAPITULO

1 comentario:

  1. Como siempre excelente, yo aqui siguiendote hasta el fin del... ¿internet?, no mejor ciber-espacio, se escucha mejor.
    Besos

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